La huella ecológica que ha
dejado el ser humano a través de los años ha sido olvidar que el hombre y la
mujer son parte de la naturaleza, formados en esencia y origen de esta, el problema
es que se ha olvidado esta verdad voluntariamente o se le ha extraído al
individuo por medio de las promesas de felicidad y éxito del modernismo y con
este olvido el ser humano empezó a construir su realidad separado del entorno
de la naturaleza y de su cuerpo.
Además, el individualismo ha
hecho que el ser humano encerrado y perdido en sí mismo, se disocie de la
naturaleza y se sienta sin pertenencia a su lugar en la tierra, observándolo como algo externo; por lo tanto,
es urgente promover una reunión entre los seres humanos y la naturaleza, para que se produzca un cambio y la
naturaleza no sea lo otro sino nosotros mismo.
Así mismo, se hace urgente
iniciar un proceso solidario para incidir en la naturaleza y para dejar de
actuar causando daños a su alrededor, comprendiendo que este proceso es
complejo, por la existencia de el falso ego que tiene al hombre y la mujer,
porque debido a su participación no adecuada en la naturaleza ha dejado huellas
en todo el planeta y todo lo que diariamente hacemos va dejando nuestras
propias huellas, es urgente comprender una nueva convivencia, consigo mismo,
con sus iguales y con la naturaleza.
Se requiere con urgencia ordenar
las ideas, dejar de destruir espacios
donde se produce el alimento que le permite al hombre alimentarse adecuadamente,
considerando que lo que se respira y lo que se ve también es alimento necesario
porque vivimos en un entorno y en este entorno también existen otros seres, por
tal motivo solo podemos tener la convicción de que vivimos en un ambiente,
cuando incluimos y nos relacionamos con los demás.
Y para lograrlo todos los
seres humanos deben trabajar unidos en pro del bienestar del planeta, para que
se borren todas aquellas huellas que han causado daños irreparables en la
naturaleza y por el contrario se empiecen a marcar huellas como el respeto, el
amor y el cuidado constante que necesita nuestro medio ambiente para mantenerse
sano y de este modo pueda ser el habitad saludable que las generaciones
presentes y futuras necesitan para vivir.
ACTIVIDADES
BENEFICAS Y NO BENÉFICAS DEL HOMBRE EN LA NATURALEZA.
Además, en la actualidad no
se puede entender el funcionamiento de la mayor parte de los ecosistemas si no
se tiene en cuenta la acción humana. Dado el número de individuos y la
capacidad de acción que tiene nuestra especie en estos momentos la influencia
que ejercemos sobre la naturaleza es enorme. Entre las acciones humanas que más
influyen en el funcionamiento de los ecosistemas tenemos:
Agricultura
y ganadería:
Los ecosistemas tienden
naturalmente al incremento de la estructura y la complejidad, disminuyendo su
producción neta cuando están maduros. El hombre, por el contrario, intenta
obtener el máximo rendimiento del ecosistema, por lo que le interesa mantenerlo
en etapas juveniles en las que la productividad neta es mayor. En las
actividades agrícolas y ganaderas se retira biomasa de los ecosistemas
explotados y se favorece a las especies oportunistas (frecuentemente
monocultivos), lo que disminuye la diversidad de especies del primitivo
ecosistema.
También se disminuye la
diversidad eliminando otros animales competidores (roedores, lobos, aves, etc.)
mediante la caza, el uso de venenos, etc.
El trabajo agrícola afecta
también al ecosistema suelo. Al arar se mezclan los horizontes del suelo y se
rompe la estructura para liberar nutrientes que puedan usar las plantas. Por
otra parte al recoger la cosecha no se devuelve al suelo los nutrientes y hay
que abonar para obtener nuevas cosechas. La agricultura moderna es un cambio de
combustibles fósiles (petróleo) por alimentos, pues hay que usar gran cantidad
de energía para fabricar fertilizantes y pesticidas, trabajar la tierra, sembrarla
y recoger la cosecha.
La oposición profunda entre
explotación y sucesión es el punto crucial de toda la problemática de
conservación de la naturaleza. El hombre necesita producción porque gran parte
de lo que consume lo tiene que obtener de la naturaleza, pero también necesita
muchas otras cosas como una atmósfera y un clima regulado por los océanos y las
masas de vegetación, los recursos vitales, estéticos y recreativos proporcionados
por el paisaje. El problema es conseguir el adecuado equilibrio entre estos
factores.
Obtención
de energía y materias primas:
La explotación del petróleo
y del gas, la minería del carbón y del resto de minerales y el transporte de
materias primas y productos terminados suponen también, un fuerte impacto sobre
los ecosistemas. Traen consigo carreteras, grandes movimientos de tierra, sobre
todo en la minería a cielo abierto, concentración y producción de sustancias
tóxicas, en todos los lugares de la tierra y los océanos.
El vertido de residuos es
otra fuerte de impacto sobre la naturaleza. En ocasiones provocan tal
concentración de productos tóxicos en un ecosistema que causa graves daños a
los seres vivos. Hablamos de contaminación o polución para referirnos a estos
cambios de las condiciones del ecosistema.
El hombre siempre ha
confiado en los sistemas naturales para limpiar y depurar sus residuos y los ha
vertido a ríos, mares y vertederos terrestres. La capacidad de la naturaleza
para reciclar los materiales, diluir los tóxicos y limpiar el aire y el agua es
muy grande, pero la actividad industrial genera tan gran variedad y cantidad de
contaminación que sobrepasa la capacidad equilibradora y depuradora de la
atmósfera.
En este sentido, tienen gran
interés los compuestos que como el DDT se van acumulando en la cadena trófica y
llegan a alcanzar concentraciones muy altas en los tejidos de los consumidores
secundarios o terciarios, provocando importantes alteraciones en su
metabolismo.
También veremos con detalle
como la emisión de algunos gases en grandes cantidades a la atmósfera, como el
CO2 o los CFC, está produciendo alteraciones en el funcionamiento normal del
clima o de la protección contra las radiaciones peligrosas.
Los miles de nuevos
productos químicos sintetizados en los últimos decenios tienen especial
interés, porque al ser muchos de ellos moléculas que no existían antes son, en
ocasiones, difíciles de metabolizar y reciclar por la naturaleza. Además
algunos de ellos son parecidos a moléculas químicas del metabolismo e
interfieren en su funcionamiento, como probablemente esté pasando con
sustancias químicas similares a las hormonas esteroideas.
Destrucción
de ecosistemas naturales:
Introducción
de organismos ajenos al ecosistema:
La actividad humana mueve
muchas especies de unos lugares a otros. A veces conscientemente y otras sin
querer, al transportar mercancías o viajar de unos sitios a otros.
Muchas de estas especies son
beneficiosas por su aprovechamiento agrícola o ganadero, como la papa y el maíz
que fueron introducidas en Europa y son un importantísimo recurso alimenticio.
Otras sirven para controlar plagas. Pero algunas son muy perjudiciales, porque
no tienen depredadores que las controlen y se convierten en plagas. Siempre hay
que tener en cuenta que la alteración del ecosistema es muy difícil de prever y
sus efectos secundarios difíciles de controlar.

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